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Por José Mari Bailo Abuelo

Os escribo estas líneas a petición de mi buen amigo Oscar López, a quien aprovecho para mandar un saludo y felicitar otra vez por esta Web. Os contaré mi experiencia con las lesiones de muñeca que invariablemente afectan a nuestro rendimiento y evolución como guitarristas. No pretendo hacerlo desde un punto de vista médico, ya que soy un lego en la materia, sino como una experiencia personal que espero os sirva si estáis en uno de esos momentos de depresión debidos a estar sufriendo una tendinitis (tendosinovitis) u otra lesión similar. Tampoco pretendo inspirar lástima a nadie ni hacer un relato lacrimógeno, no es esa mi intención, ni por supuesto colgarme medallas que no merezco. Sólo quisiera dar fe por mi propia experiencia de que con fuerza de voluntad, constancia y un imprescindible apoyo anímico externo se pueden llegar a superar los obstáculos que se nos presenten y vencer casi cualquier dificultad.

Me llamo José Mari. Soy profesor Superior de guitarra y trabajo en el Conservatorio Municipal de Música de Zaragoza. Hice el Grado Superior en Madrid con José Luis Rodrigo (a quien aprovecho para mandar un saludo, es un fenómeno y un MAESTRO, con mayúsculas. A él le debo lo mucho o poco que soy) y terminé la carrera hace cosa de año y medio con bastante éxito. Hasta aquí todo normal, uno de tantos y tantos guitarristas de la nueva hornada. Ah, se me olvidaba… tengo un alto porcentaje de incapacidad en el brazo izquierdo. Mi muñeca es una "articulación soldada quirúrgicamente" es decir, no tiene movimientos, no se puede "doblar" aunque le quedan los giros de pronación y supinación (rotaciones laterales del antebrazo) además tengo una importante atrofia muscular a nivel del antebrazo hasta el codo, lo que provoca una notable falta de potencia y resistencia al esfuerzo. Debido a las operaciones y a la propia naturaleza de mi lesión tengo también reumatismo prematuro. En los cambios bruscos de tiempo tengo problemas para extender completamente los dedos. Mi mano izquierda parece un mapa de carreteras por las cicatrices que presenta. También el hombro de ese mismo lado está afectado por dicha atrofia muscular y tengo los habituales dolores de espalda crónicos de muchos músicos. Todo ello hubiera bastado sin duda para abandonar la práctica instrumental (cosa que me fue recomendada) desde los primeros síntomas de la degeneración morfológica de articulaciones que me ha llevado hasta aquí.

Estos problemas parten de una hiperlaxitud articular que seguro más de uno padecéis (aunque quizá no lo sepáis). Se trata de la capacidad o el "don" de poder doblar los dedos y las muñecas hasta límites exagerados (generalmente pasa en todas las articulaciones del cuerpo) si a esto unimos una debilidad estructural de ligamentos y tendones tenemos una combinación explosiva que nos dirige como un misil de crucero hacia un cúmulo de lesiones articulares. Lo que comienza con episodios de tendinitis en el carpo que generalmente no aciertan a ser curados va derivando en lesiones más importantes: a nivel muscular el "síndrome compartimental" y a nivel nervioso el "síndrome del túnel-carpiano", entre otros varios. Cuando acabas de terminar tu 5º curso de guitarra, por lo que se supone que ya tienes una cierta base técnica y has de operarte para intentar que todos los huesos de tu muñeca dejen de bailar el mambo cada vez que realizas un movimiento se te cae el mundo encima. Tras cuatro años de lesión continuada y tratamientos conservadores pasé por quirófano porque ya no me importaba la guitarra (al fin y al cabo ya apenas podía tocar), sino intentar recuperar algo de la utilidad de mi mano. Me "desmontaron" y recolocaron prácticamente todos los huesos, tendones, ligamentos, cartílagos y músculos. Incluso me traspasaron algunos huesos taladrándolos para dejarme de recuerdo un tornillo de titanio regalo de la Seguridad Social. Tras 50 días de escayola y cuatro meses de oportuna (y durísima) rehabilitación descubres que tu mano ha olvidado cómo tiene que "moverse", todas las órdenes que tu cerebro canaliza a través de los nervios hasta los músculos se ejecutaban de un modo distinto al que estaba acostumbrado. Esto es lo que yo me encontré. De repente constaté que no sabía cómo mover correctamente mis dedos. Mi mano interpretaba de manera extraña todos los movimientos que en mi cabeza eran conocidos a la perfección, como si fuese la de otra persona. Tuve que volver a aprender cada paso desde el principio y reorganizar la manera de enviar las órdenes a través del canal cerebro-sistema nervioso-músculos-tendones. La frustración es inenarrable, poneos en mi lugar. También he de decir que pasados varios meses, cuando al fin me vi con fuerzas y valor para coger la guitarra y volver a colocarle la mano izquierda encima (pensad que llevaba casi 150 días sin poner un dedo en un traste, sólo trabajaba pulsación con la derecha) lloré, lloré con cada nota que era capaz de pisar. Lágrimas de orgullo, de esperanza, de alegría, de triunfo. Me importaba poco si sería capaz de volver a tocar mejor o peor, pero en ese momento supe con seguridad que lo intentaría con todas mis fuerzas.

Poco a poco las cosas fueron volviendo por donde solían. Los dedos iban recordando cómo tenían que hacer su trabajo y me sentía más ilusionado. Muchas de las cosas que ya conocía dejaron de ser posibles… vibratos con la muñeca libre, usar el pulgar de la izquierda en momentos puntuales para pisar una nota, hacer medias cejillas con el dedo 1, etc. Siempre con una angustiosa sensación de debilidad y fragilidad, como si cualquier golpe un poco fuerte pudiese partirme todos los injertos musculares que llevo en la zona operada (de hecho es así) pero los miedos se inventaron para ser vencidos. Os aseguro que jamás un preludio de Tárrega, un ejercicio de Sagreras o Carlevaro o uno de los estudios simples de Leo pudieron dar mayor satisfacción y placer a un guitarrista (sólo podía tocar obras sencillas y poco exigentes técnicamente a esas alturas de mi rehabilitación) y es que sólo apreciamos de verdad lo que tenemos cuando hemos estado a punto de perderlo.
Pasó el tiempo y después de la Navidad de 1996 (me habían operado en julio de ese mismo año) ya me sentía con la seguridad necesaria para comenzar con el repertorio de 6º (del 66). La cosa marchó muy bien y mejoraba a pasos agigantados, hasta el punto de que en menos de 6 meses monté todo el programa y me examiné para terminar el grado medio. Nunca se lo agradeceré bastante al Dr. Antonio Hernández-Rossi de Zaragoza, para mí él es el patrón de los músicos. Es mi Santa Cecilia particular.

Fue pasando el tiempo, superé las pruebas de acceso en Atocha y cursé el Grado Superior con Rodrigo. Allí aprendí a no auto-escudarme en mis limitaciones para no alcanzar unos objetivos determinados, aunque quizá debiera buscar otros caminos tal vez más largos y sinuosos que desembocaran en el mismo puerto. Los demás no eran los culpables y no pretendía lanzar sobre ellos mis frustraciones. Al fin y al cabo todo salió bien. Hago todos los cursos que puedo, participo en algunos concursos (con mejor y peor suerte), doy algunos conciertos... Pero esa ya es otra historia y casi todos los que sabéis quién soy ya la conocéis. Si, tengo problemas. Posiblemente con mejor salud hubiese llegado a ser mejor guitarrista (eso lo sé con certeza), pero es la suerte que me ha tocado en la vida y con ella he de cargar. Volviendo la vista atrás, procuro no engañarme a mi mismo y de verdad sé que hay muy pocos ejemplos por los que me cambiaría, aunque sean mejores instrumentistas que yo. Pero quizá no hayan pasado por una experiencia que les haya enriquecido tanto como la mía lo ha hecho conmigo. No envidio imposibles.

- Cuando vemos a un monstruo Como Ricardo Gallén (aprovecho para saludarlo) nos da la sensación de que lo que hace no le cuesta trabajo. Parece como si nunca hubiese tenido que pelear con los aspectos técnico-mecánicos de la obra, ya que da la sensación de que nunca ha encontrado verdaderas dificultades que vencer. Es como si desde que nació hubiese sido capaz de hacer escalas a 150. Craso error, precisamente la mayor virtud de un intérprete es saber hacer del mecanismo un mero vehículo, un instrumento para la expresividad. En muchas ocasiones la diferencia entre un gran músico y un músico excelso es la inteligencia con la que haya sabido aprovechar dichos dones que le fueron regalados por el azar, el destino, o lo que cada uno quiera pensar. Esas condiciones naturales son una bendición para un músico, pero también una gran responsabilidad, ya que si una persona poco dotada por la naturaleza deviene en guitarrista mediocre pensaremos que es lo normal, mientras que si un individuo que posea unas facultades tremendas no pone su talento interpretativo a la altura de su talento mecánico podrá impresionarnos un tiempo, pero generalmente acabaremos olvidándonos de el. Todos hemos visto conciertos que nos han impresionado y nos han desencantado al mismo tiempo, y generalmente escuchamos una y otra vez los mismos discos, que para la mayoría suelen ser los que más ideas y emociones nos comunican, no los que más nos sorprenden por su velocidad.
Lo que intento expresar con tanto circunloquio es que tal vez la clave esté en la inteligencia que tengamos a la hora de estudiar y no en la cantidad de horas que utilicemos en la guitarra, cosa por supuesto importante. El conocer nuestros propios límites y aceptarlos es tan importante como legítimo es aspirar a la perfección que apreciamos en los grandes guitarristas a los que todos admiramos. Se puede ser un gran intérprete sin ser el más rápido ni el más potente acústicamente en la ejecución de una obra. En mi caso particular creo que uno de los pocos aciertos que he tenido en mi carrera fue comprender mis limitaciones físicas y aceptarlas, no pretendiendo alcanzar quimeras sino aprovechando al máximo mis condiciones. Dar el máximo de mis posibilidades independientemente de donde se encuentren estas.
- Nadie puede ser declarado culpable de tener unas facultades naturales inferiores a las de otros, pero si de no saber o no aspirar a desarrollarlas hasta sus últimas consecuencias-.

Espero que toda esta parrafada pueda servir a alguien. No soy amigo del refranero popular, sino más bien de las experiencias propias. Puedo dar fe de que la fuerza de voluntad y el afán de superación son las primeras y quizá únicas condiciones necesarias para emerger de los peores baches. No os dejéis vencer por ningún problema, siempre habrá una solución por difícil que parezca. Ojalá no haya sido demasiado cargante al redactar este artículo, pero si estás leyendo estas palabras he de suponer que te ha interesado al menos un poco.
En fin... creo que ya he dicho todo lo que tenía que decir. Cada vez estoy menos convencido de enviarle esto al web master Oscar para que lo cuelgue. Pero lo prometido es deuda, así que antes de arrepentirme... ¡Ah, y GRACIAS por haberme dedicado unos minutos de vuestro tiempo!

José Mari Bailo. Zaragoza, Diciembre de 2002.

 

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