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por Óscar López Rogado

        Hola a todos. Por fin tenéis la entrevista que hice a este gran guitarrista durante el curso - concurso internacional de guitarra de Coria (Cáceres) el pasado gosto. Es densa pero muy interesante, así que ponte sin prisa delante de tu ordenador, sírvete un cafetito y disfruta. Por supuesto, millones de gracias a los que hicieron posible esta entrevista. Comenzando por Pedro Granados que me ayudó a transcribir casi todo el texto, a Pedro Rodrigo, de Madrid, que me prestó el minidisc para poder grabar en digital y a mi amigo y compañero de habitación, Jesús Gutiérrez, de Ávila, por hacerme reír tanto durante aquellos días. Abrazos y besos a todos los que aparecen abajo en la foto al pie y que junto a mí presenciaron la entrevista en directo.

 

Oscar: Cuéntanos tus inicios con la guitarra, tus comienzos de niño, cómo fueron y dónde.
Eduardo: Mi primer contacto con la guitarra fue muy fortuito y te cuento algo que va a ser muy cómico en realidad. En la ciudad de Paraná, nombre que viene de un río muy grande que la atraviesa y que viene de Brasil, hay un conservatorio de música dependiente de la provincia de Entre Ríos, situada en la parte central de Argentina. Fue mi madre la que, cuando yo tenía siete años, estaba interesada en que aprendiera algún tipo de arte. En realidad ella quería que yo aprendiese danzas folclóricas (Eduardo se ríe). ¡Qué catástrofe si ella hubiese tenido éxito! Y me llevó al conservatorio, donde le dijeron que por lo menos tenía que tener doce años para aprender esta disciplina. Así que empecé con la guitarra siguiendo un consejo del secretario del conservatorio. Como ves, empecé de una manera muy fortuita. Y no se puede decir que fuese un amor a primera vista pues yo era muy chico y en mi familia no había ningún tipo de antecedente. También fue una suerte empezar a la edad de diez años con Walter Heinze, este a su vez alumno de Jorge Martínez Zárate, el creador de una generación de guitarristas en Argentina. Un hombre con una cultura no sólo musical, sino humanística. Para mí fue un gran modelo, a partir de ahí comienza todo...

Oscar: Si no hubieses sido guitarrista ¿qué instrumento te hubiera gustado tocar?
Eduardo: Mira, no sé. Por supuesto he ido cambiando mis gustos a lo largo del tiempo. Hoy en día escucho muchísimo el piano como un instrumento muy completo que te posibilita caer en diferentes estéticas con la misma fuerza. Y es cierto que escucho por igual tanto música clásica como popular, jazz y otras vertientes.

Oscar: Háblanos de los Maestros que más te han marcado en tus años de estudio y aprendizaje.
Eduardo: Como profesor y como maestro tuve solamente a Walter Heinze. Luego, cuando yo tenía alrededor de 20 años, hubo un movimiento muy fuerte en Argentina, Uruguay y Brasil de seminarios y festivales. Entonces estaba la posibilidad de obtener becas y junto con Hugo Geller, hicimos muchas cosas en esa época. Así que viajando por estos festivales que se hacían cada año tuve la oportunidad de tomar contacto con guitarristas como Carlevaro y su técnica, con Martínez Zárate, y con otros guitarristas importantes que tenian solamente cuatro o cinco años más que yo. En esa época, cuando yo empezaba a tener información mucho más amplia internacionalmente hablando, estos guitarristas ya habían ganado varios concursos internacionales: Eduardo Fernández, Roberto Ausell, Miguel Girollet, Álvaro Pierri... Pero justamente por venir yo de una provincia empecé más tarde a viajar y a hacer concursos. Había una diferencia casi de una generación entre ellos y yo.

Oscar: ¿El guitarrista nace o se hace?
Eduardo: Depende. Hay algunos que sí, como que han nacido para esto. Son los pocos. Hasta es posible darse cuenta quienes. Hay algo que se les da de una forma natural. Por dar nombres y por poner un ejemplo el caso de Ricardo Gallén es clarísimo. De cualquier modo queda claro que para él la guitarra es un medio, un medio que bien podría ser otro. Yo creo que en mayor medida se hace, no solo el guitarrista, sino el artista en general. Pero se hace de muy diversas maneras y por pequeñas grandes cosas. Todo lo que vas viviendo te va marcando, no sólo es el profesor que tengas... No es sólo la suerte de contar con los mejores profesores. Sí, en cierta medida, pero en un tanto por ciento que juzgo mínimo. Todo lo que vas viviendo te va marcando y todo lo que se puede llamar a grandes rasgos "cultura" desde muy chico te va dando medios. Por eso siento que sí, en mayor medida el guitarrista se hace.

Oscar: En el trabajo diario con la guitarra, cuando estudias sin el agobio de un concierto ¿qué te gusta tocar?
Eduardo: ¡Oh no!, ahora yo no hago diferencias entre una cosa y otra. Pude haberlas hecho en épocas de estudiante o cuando te encuentras obras impuestas en los concursos. Ya hace un buen tiempo que hago lo que quiero y no hay diferencia entre la estética que muestro en un recital y lo que me gusta. Respecto a los métodos, tengo muchos. Puedo jugar en el instrumento, escuchando y tocando partituras de otros instrumentos y ver la posibilidad de llevarlas a la guitarra. Ahí sí juego un poco. Eso me pasa mucho con el jazz, y con obras no tan conocidas de la música clásica para clave, piano, violín, chelo; donde el haber escuchado algo que me interesó oficia de disparador. Y me he encontrado con cosas que a primera vista son imposibles de pensar para un guitarrista. Y lo he hecho y ha sido bueno. Ahora, en el trabajo con la guitarra soy muy metódico, cuando me siento con la guitarra es para trabajar bien. Para mí es un placer grande tocar este instrumento y puedo jugar un poco pero con una base muy metódica. Ya a esta altura de mi vida conozco muy bien los caminos que me posibilitan hacer música con comodidad. En eso si tengo mucho método.

Oscar: ¿Y cuál es ese método?
Eduardo: Juego mucho auditivamente pero no toco para "jugar" sin más. Tengo la música, las partituras y luego cuando voy al instrumento llevo ya una idea preconcebida. Eso se debe a que también para mí la guitarra es un medio en si mismo que me posibilita plasmar en sonidos algo que tengo claro en mi mente. Creo que si a los 7 años hubiera comenzado con el piano, tranquilamente ahora estaría tocándolo, sin ningún problema.

Oscar: En tus ratos libres, cuando no tocas, ¿qué haces?
Eduardo: Hay épocas, es raro que tenga más de un mes libre. En verano cuando está todo tranquilo, lo utilizo para inventar cosas nuevas y acceder a otro tipo de repertorio. Hace unos veinte años yo hice todo el repertorio estándar de guitarra. No es que lo tocara todo, sino que es raro que me hables de una obra y no la conozca. Antes fui siempre un ratoncillo de biblioteca, informándome todo lo que podía. Es una etapa que ya ha pasado. Y en los últimos 8, 10 años, me he metido a hacer cosas nuevas. Estoy entusiasmado en hacer un repertorio nuevo y personal.

Oscar: Dinos algunas obras de este trabajo personal que por alguna razón sean para ti especiales o importantes.
Eduardo: Cosas que he transcrito y he tocado en público, grabado... Lo he hecho con obras argentinas, por ejemplo con la opera "María de Buenos Aires" de Piazzolla. Esa obra me llevó su buen tiempo porque quise hacerla muy bien y tu puedes tener un ideal de cómo debe sonar esa música pero hasta que no pasa un tiempo prudencial de tocarla en público no llegas a redondearla. También he hecho trabajos con el jazz y otros arreglos como el que hice aquí en Coria de Jarret. Es un largo trabajo, en el recital hice solo una parte. He hecho arreglos de Chick Corea, de Bill Evans y otros. El pianismo en el Jazz me fascina. En música eminentemente clásica yo creo que la guitarra puede acceder a otras obras y autores. Ahora por ejemplo voy a grabar un disco de música barroca con las suites francesas de Bach, la dos y la seis, y dos partitas de Haendel, todo transcrito por mí. Este repertorio no se ha hecho aún, al menos yo no sé de nadie que lo haya tocado.

Oscar: Aficiones que no tengan nada que ver con la guitarra.
Eduardo: Cuando era muchacho jugué mucho al ajedrez, de chico era fanático. Jugué campeonatos, pero era mucho tiempo, Todos los días en el club de ajedrez y llegó un momento en el que paré. Mi hobby ahora es la literatura. Tengo una gran biblioteca de más de 3000 libros en casa. Toda la literatura del siglo XX me encanta. Y no sólo leo sino que compro muchos libros. Aquí en Coria he comprado "Las asombrosas aventuras de Cavalier and Clay" que es el premio "Pulitzer" del 2001, libro que no puedo comprar en Argentina por los problemas que actualmente hay allí.

Oscar: ¿Qué opinas de esa oscura idea que circula en los ambientes musicales de que a los conciertos de guitarra sólo van guitarristas, de que somos un gremio cerrado, y de que las obras que se componen y se tocan son de peor calidad que las de los demás instrumentos?
Eduardo: Si, es cierto que la guitarra desde siempre ha vivido un fenómeno muy particular que la diferencia de cualquier otro instrumento. Su historia misma, el mero hecho, a mi entender, de que el mejor repertorio original para guitarra es el que se ha compuesto en los últimos cuarenta años... Al margen de que me encanta el repertorio de Segovia: Ponce, Castenuovo-Tedesco... De Britten y Walton hacia aquí, donde tendríamos el repertorio más fuerte... es todo muy nuevo ¿Cómo puedes pelear y comparar con una literatura enorme y de calidad suprema como es la del piano romántico? No hay manera. Yo lo que creo es que para que el guitarrista pelee con buenas armas no tiene que hacerlo en el terreno clásico, porque pierde. Es lógico. Más allá de que ahora tengamos una obra de Ginastera original para guitarra, una obra de Berio o de Tippett, no se va a poder nunca comparar este repertorio con el de los instrumentos tradicionales. En ese sentido el guitarrista y el compositor tienen que echar mano de materiales de finales del siglo XX que ya tienen que ver mucho con la fusión de lenguajes. Y, por qué no, la música popular, ya que no en vano la guitarra en una cantidad de países es el instrumento popular por excelencia. Yo sé que hay guitarristas que se niegan a esa influencia popular. Esto es malo, ya que la guitarra es un instrumento pleno de influencias folclóricas y ha sido el que más ha crecido en los últimos años desde el punto de vista de la composición.

Oscar: Y por qué crees que nos ven los pianistas y violinistas como un gremio cerrado y a veces hasta nos pinchan y nos odian.
Eduardo: ... porque la guitarra no es un instrumento eminentemente clásico, y está muy bien que así sea. Cuando un guitarrista dice con vergüenza que su repertorio clásico es Sor o Giuliani ¡claro! Cuando lo comparas con Mozart o Beethoven, porque el fuerte de la guitarra está en otro tipo de repertorio. Escucha con atención alguna obra de Villa-Lobos o de Brouwer y verás que están a la misma altura que obras del siglo XX para piano, no tienen nada que envidiarle. Estos autores han tomado el idioma de la guitarra y han trascendido la calidad de sus obras hasta llegar a crear composiciones que en la guitarra suenan mejor que en ningún otro medio. Ese tipo de música es el que le da fuerza a la guitarra. Yo soy un convencido de que la guitarra tiene recursos únicos e intransferibles para traducir la música de países como España, Brasil, Argentina, Cuba, incluso países del Este. Ahí es donde está la fuerza de la guitarra y no en tratar de imitar una obra clásica que tiene una estética que en el piano suena mucho mejor. Ojo, que con esto no quiero decir que el guitarrista no haga obras clásicas. Es esencial que las toque y con un compositor como Sor se puede hacer Gran música, pero no peleemos esta batalla en el terreno del contrario. Fíjate que el repertorio para piano de los últimos 40 años, salvo honrosas excepciones, no ha aportado nada nuevo (¡salvo en la música popular!). Por el contrario la guitarra crece y crece, por eso no merece la pena hacer este tipo de comparaciones.

En cuanto a que a los conciertos de guitarra sólo van los guitarristas... en cierto aspecto tendría lógica. Las cátedras de guitarra en países occidentales se han creado tarde, en el caso de Francia recién en los años 60. Así que los guitarristas "se defienden" haciendo sus propios festivales. Está bien y está mal. Es una forma de crear fuentes de trabajo y así nos unimos en una especie de "logia". Ahora, eso de que sólo van los guitarristas es una gran mentira. Depende del país, de la información, de la forma de pensar de ciertas comunidades. Por ejemplo en Alemania, donde voy todos los años y tengo la suerte de presentarme a sala llena, va todo tipo de público. Van músicos, la gente y no sólo el guitarrista. Lo mismo pasa en sitios como Japón y China. Tal vez en algunos países ocurre esto que me comentas quizá porque la guitarra no ha tenido un desarrollo tan grande.

Oscar: ¿Qué guitarras usas Eduardo?
Eduardo: Toco ya desde hace años guitarras de Dominique Field. Una del año 1990, con la que hice todos los discos. Este es un luthier que vive en París, de unos 49 años. Ahora tengo una nueva del 2000.

Oscar: ¿La cuidas mucho?
Eduardo: Lo suficiente, no soy un loco del cuidado.

Oscar: ¿Prefieres palo Santo o de Brasil?
Eduardo: Para serte sincero, creo que la diferencia no la hace la madera. He charlado mucho con Field sobre esto y la diferencia de calidad de una guitarra, y en esto estoy convencido, la hace "el gesto" del luthier en el momento de trabajar la madera. El hecho de pasar su lija miles de veces de determinada manera por la madera es lo que condiciona la calidad de la guitarra. La cantidad de esos gestos personales es lo que la hace única. Eso es lo fundamental. Por supuesto que después están las buenas y las malas maderas. Pero por lógica, si eres un buen luthier no vas a trabajar con cualquier madera. Pero insisto, esto no es lo esencial. Hoy en día ya no hay cuatro o cinco grandes guitarras, hay cientos. En mi estética lo que busco es la tapa de pino. Intento tener una dinámica amplia de colores y timbres. Esto es una elección personal y necesito un determinado tipo de guitarra. Esa posibilidad de cambiar de color sólo con cambiar un poco un gesto de la mano es lo que más me interesa.

Oscar: Según tu criterio, algún guitarrista bueno en la actualidad, o unos cuantos.
Eduardo: Hay muchos, sin ir mas lejos está Ricardo, con un potencial increíble. Dentro de poco tiempo llegará a hacer algo, casi yo diría... impensable. Ahora, de los que están arriba en el candelero me gusta mucho Álvaro Pierri. Es un gran músico y no hay muchos como él. En una estética totalmente distinta me gusta mucho David Russell, aunque no tiene mucho que ver con mis gustos de repertorio. También me gusta mucho el Duo Assad. Hay un sueco llamado Magnus Anderson que es fantástico. Pero son gustos personales. No quiere decir que sean los mejores porque me gusten a mí. Pero como digo, hoy en día hay un desarrollo de la guitarra de gran nivel, el caso de David Martínez, ganador del año pasado... hizo un Scarlatti ¡genial! al nivel del mejor, sin nada que envidiarle al Scarlatti de Barrueco o Russell.

Oscar: Consejos para los que estamos estudiando triunfemos como músicos y guitarristas.
Eduardo: Bueno, depende de lo que entendamos por triunfar. Si el triunfo pasa por tener al cabo de 20 años una cuenta bancaria con muchos millones, habrá más fracasados que triunfadores. En todo caso al triunfo hay que buscarlo por el lado de vivir haciendo lo que quieres. Y principalmente por el hecho de crear una voz personal sin pretender ser mejor... tener tu propia personalidad. Por repertorio, por estética...

Oscar: Háblanos de tus proyectos a corto plazo.
Eduardo: Ahora tengo un proyecto muy serio y muy fuerte. Grabo dos medios discos, son trabajos de gran ambición. Uno de los discos es de barrocos y el otro de compositores de jazz. Después me voy a festivales en Alemania. Estaré en el Simposio de Iserlohn a fines de agosto junto a Russell y Brouwer. Tengo que marcharme a Argentina la segunda quincena de septiembre, luego a Brasil y en noviembre a Europa otra vez. Quiero comentarte algo importante y es que hago dúos con un bandoneonista, que formó parte del sexteto de Piazzolla. Se llama Daniel Binelli. Hago dúos de tango con él presentándonos en Japón y América... Con él hice el doble concierto de Piazzolla junto a Charles Dutoit y la Sinfónica de Montreal. Estos son proyectos muy fuertes. Otra cosa que te comento es la importancia de la guitarra en la música clásica de algunos países, entre ellos el mío. La Sinfónica Nacional de Argentina hizo una gira por E.E.U.U. y Japón. Y los solistas que representaron a la música de nuestro país fueron Marta Argerich, Binelli y yo. Así que en ciertos países no es tan cierto que la guitarra no ocupa un lugar de importancia.

Oscar: Ya para terminar, preguntarte: ¿qué tal te has encontrado aquí en el curso de Coria?
Eduardo: Muy bien. El clima de Extremadura y el clima musical fueron de lo mejor. Es un festival que rápidamente va adquiriendo gran importancia y trascendencia.

 Revisado por Eduardo Isaac y publicado en Guitarra.artelinkado en septiembre de 2002

 

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