Después de cási cuarenta años de carrera. He acumulado guitarras de todas clases. Cada una tiene una historia. Algunas han teminado vapuleadas llenas de rasguños y esquirlas y remiendos. Todas de una forma u otra estan guardadas en sus viejos estuches y en mi memoria. Sóla hay una que por extrañas razones siempre está aislada en un cási raido estuche de cartón duro con las cerraduras oxidadas, como un viejo baul que se niega ajuntarse con las Yamaha, Ovation, Godine, y otras, que sólo sirven por que están bién amplificadas.
La Sobrinos de Domingo Esteso se resiste a salir al aire y pasé media hora esta mañana habriendo la maldita cerradura. Se está poniendo morena con los años. El ciprés y el abeto se estan yendo del marfil a la mistela y sus clavijas de madera son un reto para mis dedos de viejo. Un poco a regañadientes le puse cuerdas nuevas, brillantes y sonoras. Ella todavía recuerda las torpes cuerdas de tripa que solo sonaban regular el primer día.
Como quien doma un potro, el duro clavijero de madera fué dándome la razón y una vez mas me sentí arrullado por la ternura de mi vieja amiga. A penas pesa, se pega al cuerpo como amante sin tregua y el cerdeo de su acorde cosquillea el bajo vientre como pidiendo entrega. Pasamos un buen rato juntos. Su olor a yerba seca y tabaco antiguo tienen una huella donde apoyo mi cara desde hace casi cincuenta años. Mi sudor de mil noches mil teatros mil juergas y a veces a la vera de la cama, en un hotel cualquiera, en una noche quieta, solos o con alguna que escucharnos quisiera.
La guadé, con la promesa de tenerla mas cerca. Le dije que las otras son solo pasajeras, que son para la rumba, para sonar maderas, que no hay intimidad, hasta que otro modelo se ponga en vidriera.
Se que me está escuchando. Es su voz la que hoy cuenta, la que me recrimina, la que me hace vibrar cuando la abrazo cerca. Hoy le pido perdón a mi guitarra vieja...cuanto daríamos los dos por vivir una juerga...aunque sea una sola. Luego lo que Dios quiera. Los dos lo merecemos. EAC (el abuelo curro)