Ya de la escuela de Paco el Barbero, salieron
Javier Molina y Antonio Sol, indiscutibles valores de la
guitarra, en ejecución y acompañamientos. El primero vive,
y Dios le dé muchos años más de vida, porque el día
que Javier Molina muera, puede decirse que ha muerto
el más legítimo archivero de la guitarra andaluza.
Antonio Sol murió muy joven, pero consagrado por todos
los públicos de España como gloria de la guitarra,
fiel copia en arte y ejecución de los gloriosos
maestros Patiño y Paco el Barbero.

Este último fue el primer solista que se lanzó a los públicos,
ejecutando con gran dominio todos los toques del género
andaluz. Después de triunfar en toda Andalucía, se retiró,
y estableció en Sevilla un gran colmao en la
antigua callejuela de la Plata (hoy espléndida calle de
Martín Villa). Tranquilamente vivía, saboreando el
recuerdo de sus triunfos, pero como era un enamorado de su
arte, al referirle que en Málaga había un muchacho
lucentino, también Paco y también barbero, que al paso que
iba le daría ruido a todo el que tocara la guitarra,
hizo un viaje expresamente a escucharlo, y él mismo
confirmó la profecía popular, pues regresó a Sevilla
encantado.

Aunque el gran maestro hacía varios años que no tocaba
en público, nunca abandonó la guitarra, y por lo
tanto, siempre estaba entrenado. Cuando menos lo pensaba
recibió la visita de su íntimo amigo Juan Corrales para
invitarle a que tomara parte, como guitarrista, en la
apertura de un gran café cantante que iba a inaugurar en
la calle de Santa Isabel, en Madrid, y aunque le
perjudicaba, pues no quería apartarse ni un momento de su
negocio, aceptó, y no le pesó, pues ganó bastante dinero
en los pocos días que actuó como solista y salió a
triunfo por actuación. Esto ocurría el año 1886, en cuya
fecha cantaba yo en el café Imparcial (plaza de
Matute). Todas las noches iba a escuchar al maestro al
café Corrales.

Mientras que el maestro Patiño
engrandecía el arte con estos discípulos, el maestro Pérez no
se dormía, y aunque no sacó ningún solista, fueron
grandes guitarristas el maestro Juan el Jorobao, Pepe
Robles, Manuel Pozo, Antonio Pérez (hijo), Monterito,
Antoñito González y otros muchos, que cumplían
irreprochablemente su misión acompañando a los incomparables cuadros
de cante y baile que actuaban ya en el primitivo
café del Burrero y en el café de Silverio.

FERNANDO EL DE TRIANA - "Arte y artistas flamencos" (1935)