Estimados usuarios y visitantes,

Acabo de leer un post de Alberto Royo en Facebook y me ha parecido que merecía la pena traerlo aquí por si alguien quisiese comentar algo. Lo hago con su permiso (que amablemente me acaba de facilitar), claro:
Paco de Lucía no sabía leer música. Ñiñiñiñí.

Amantes del ignorantismo (sí, me he inventado la palabra), fanáticos del learning by doing y entusiastas del aprendizaje por descubrimiento suelen citar sin rubor al Maestro cuando uno defiende la importancia del conocimiento teórico o la necesidad de no separar lo práctico de lo teórico y de aprender a poner en práctica la teoría para que ambas sean muestra de conocimiento, usando esta típica frase de listillo que ni ha escuchado en su vida al gran Paco ni conoce cómo y por qué llegó a ser lo que fue (entre otros motivos, porque su padre le obligaba a quedarse en su habitación tocando la guitarra, cuando él quería ir a la calle a jugar al fútbol con sus amigos). Y fue lo que fue porque talentos como el suyo no abundan. Eso, para empezar. Por eso pudo hacer la música que hizo y como la hizo sin, ifictiviminti, haber aprendido a leer música. ¿Significa eso que no es necesario aprender a leer música para hacer música? No, sobre todo si eres Paco de Lucía. ¿Eres tú Paco de Lucía? ¿No? Entonces, te recomiendo que estudies más que él (si puedes, porque estudiaba mucho) y que aprendas a leer una partitura, que es algo que te permitirá avanzar mucho más rápido y que es lo que ocurre con las personas normales (Paco era un genio y ni todos podemos ser Einstein ni todos podemos ser Paco de Lucía. Lo siento).

Debes saber, además, que el propio Paco de Lucía se arrepintió de no haber aprendido a leer música. Sabemos esto gracias a José María Gallardo del Rey, guitarrista de formación clásica que ayudó a Paco a resolver el enigma que para él suponía el Concierto de Aranjuez de Joaquin Rodrigo, que se había planteado grabar como reto personal, profesional, vital... Tal era la devoción que sentía por esta obra que decidió recurrir a quien sí sabía lo que ponía en esos misteriosos papeles, a los que él daría su enorme fuerza expresiva y su inconmensurable poderío. Pero sufrió lo indecible hasta poder afrontar el estreno. Como los auténticamente grandes, Paco era consciente de su "limitación" y se sentía acomplejado por no saber leer música por sí mismo. "¡Qué fatigas paso!", contó Tomatito que le reconoció en cierta ocasión. Así que menos tonterías y menos citar al Maestro en vano.