Yo di mis manos una vez
y me volvieron cazadoras, males,
De allí a distintas se las puse a mi guitarra
Así parecieron mías y crecí como penitente
del lujo asilado en sus maderas
Nadie quien para tentarse
con lo que traían esas manos
que puse en la guitarra.



Daniel Battilana. Poeta y guitarrista argentino